Buenos Aires, Argentina. Esos criollos de pulpería como… Pinela
Una vez más, Roberto Santamaría desde Mar del Plata, llega con un entrañable relato sobre personajes que se daban cita en la pulpería El Pimentón, que pertenecía a su familia en Cobos, provincia de Buenos Aires.
Chau Pinela!
Por Roberto Santamaría, Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina
Marcelino Cepeda (Pinela), uno de los personajes que solía llegar frecuentemente a la pulpería El Pimentón. Era “Pinela”, según decía, su nombre de pila era Marcelino y su apellido Cepeda.
Hasta es posible por la antigüedad de este personaje que diera origen al dicho “Chau Pinela” frase que se utiliza cuando se quiere dar por finalizado un tema. No tenia documentos de identidad, no sabía leer ni escribir y tampoco conocía el dinero. Si le preguntábamos la edad siempre decía tener “vainte”.
Según memoraba mi madre por el año 1920 ya andaba por la zona y era un hombre que aparentaba tener unos treinta años, y en aquellos momentos frecuentaba la pulpería de mis abuelos. Era un linyera que solía pasar de casa en casa, todos lo conocían y le daban un lugar en el galpón para quedarse unos días.
Hacía algunas tareas como hachar leña, cortar el pasto etc. Y recibía como compensación algún dinero. Ni bien cobraba se iba directamente hasta la pulpería, entraba y ponía el dinero sobre el mostrador y como no lo conocía preguntaba: me alcanza “pa un litro” y si uno le decía que no alcanzaba, la pregunta siguiente era: “y pa un vaso e vainte” (el sabia que el vaso que en una época había costado veinte centavos era el más grande, que también lo llamaban “farol”).
Todo el dinero en su poder lo convertía en vino. Vivía eternamente borracho y pasaba las noches a cielo abierto, en pleno invierno con grandes heladas tirado en el suelo por la borrachera y levantándose al día siguiente como si nada hubiera pasado, continuando su camino errante y con cuanta persona se encontraba, el pedido era siempre el mismo, “me das una moneda??” Y cuando se agenciaba de varias enfilaba para la pulpería más próxima.
Luego sin dinero y con ansias de comer, se llegaba a alguna casa conocida para “parar” algunos días y recomponer su estómago y pedir “algunas pilchas” para este invierno…….según su decir.
Recuerdo esta anécdota: un día de carreras cuadreras en la pulpería “El Pimentón” había llegado mucha paisanada con sus “parejeros” de tiro para que una vez realizada la carrera principal o sea “la depositada” concretar algún desafío entre los asistentes, por lo que el programa de carreras se extendía hasta el anochecer.
Aprovechando el tiempo entre una y otra carrera la paisanada se llegaba hasta el “estaño” para tomar alguna bebida. En un momento determinado, “Pinela” se asomó a la puerta y grito “largaron”. Los paisanos salieron apresurados a ver la carrera mientras Pinela rápidamente se arrimaba al mostrador y se empinaba todas las copas que podía.
Era un gran caminador, podía hacer leguas y leguas sin demostrar cansancio. Si estaba entonado iba tarareando invariablemente “La Cumparsita…” y así fue como lo sorprendió la muerte, arrollado por un automóvil en la entonces Ruta 2 en las proximidades de Vivorata.
Recuerdo que mi primo Héctor Elizalde lo llevó en el coche hasta el hospital de Coronel Vidal, donde falleció pocos momentos después de ingresar.
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