Buenos Aires, Argentina. Vamos al encuentro de Don Luciano Ortiz, gaucho allá por Cobo
Y sírvase de algo para que el pulpero mayor, Roberto Santamaría, vaya desembuchando esta historia que se vivió ahí nomás, no hace mucho, de cuando la provincia de Buenos Aires tenía a estos personajes en sus estancias y pueblos. Y cuando las pulperías los reunía en torno a las tabas, ginebra y asados en la enramada.
Recordando a Don Luciano Ortiz

Uno de los habituales gauchos que solían andar por la zona era Don Luciano Ortiz, morocho, retacón, siempre con su poncho, que solía lucir atado a la cintura por encima de su rastra de botones con la cual aseguraba su facón de grandes dimensiones. Siempre andaba bien montado y dentro de su tropilla tenía algún caballo para medirlo en alguna cuadrera. Don Luciano podía ser resero, alambrador, esquilador, domador o realizar cuanta tarea relacionada con el campo que le llegaran a ofrecer, pero no era de permanecer mucho tiempo en ningún lugar, tampoco pudimos saber de donde procedía.
Le gustaba llegarse a la pulpería y participar tanto de un partido de truco, como correr una cuadrera o jugar un partido a las bochas o tirar la taba que era uno de sus juegos preferidos. Hombre serio, correcto y de pocas palabras pero muy respetado y mentado en el pago como hombre de hacerse valer, y muy habilidoso si llegaba el caso de tener que defenderse con el cuchillo. Me contaba mi tío José Caldararo (Pepe) que en la pulpería del abuelo llamada “El deseo” ubicada en Cobo, Partido de General Pueyrredón, tuvo oportunidad de presenciar dos hechos protagonizados por Don Luciano que paso a relatarlos:

En las pulperías era común que se sirvieran algunas comidas muy simples, a veces de lo mismo que se cocinaba para la casa y otras veces, lo más común, era mezclar una lata de sardinas con cebolla y galleta o también los fiambres y quesos que nunca faltaban en estos lugares y de postre queso y dulce de membrillo o batata.
Estaba Don Luciano disfrutando de su almuerzo, parado junto al mostrador cuando llegaron dos forasteros que con algunas copas encima se envalentonaron y comenzaron a molestarlo, Don Luciano no aguantó estos agravios y les llamó la atención de forma correcta, pero muy severa, los dos forasteros lo encararon armados con sendos cuchillos y Don Luciano poniendo rodilla en tierra y con el tenedor en una mano y el cuchillo de mesa en la otra les atajo todos los tiros sin que pudieran tocarlo, depusieron su actitud los atacantes viendo la habilidad y el coraje evidenciado por este gaucho y se retiraron humillados y sin más palabras. Don Luciano luego de esta pelea pidió disculpas al pulpero Don Blás ya que no era su intención producir ningún desorden y presentadas las disculpas siguió almorzando con toda tranquilidad.
La otra situación en la que tuvo participación Don Luciano fue durante una jugada de taba. Se realizaba enfrente de la pulpería, cruzando la calle, dentro de un campo lindero, esto era por qué el abuelo no les daba permiso para jugar en la pulpería por que la taba siempre se trató de un juego prohibido. Marcaron la cancha de taba y se reunieron varios paisanos, ataron los caballos en el alambrado que a la vez hacía de palenque y se dedicaron a tirar el hueso, desde luego por plata.
Dentro del grupo estaba Don Luciano que había llegado con uno de sus mejores caballos un alazán malacara patas blancas y vestido con sus mejores pilchas, tenía como de costumbre su poncho de vicuña atado en la cintura que le cubría su rastra de botones y el facón de plata. En eso llegó hasta el lugar un paisano con el que seguramente Don Luciano habría tenido alguna diferencia ya que este hombre desmontó, ató su caballo en el alambrado y sin mediar palabras sacó su cuchillo y lo atropelló.
Don Luciano intentó sacar su facón para defenderse, pero como le había quedado debajo del poncho no lograba sacarlo y mientras tanto iba retrocediendo hasta quedar arrinconado entre el alambrado y las sogas que sujetaban los caballos. Visto esto, uno de los asistentes sacó el cuchillo y cortó las sogas liberando los animales para hacerle lugar a la contienda y para esto Don Luciano ya había logrado sacar su facón, y al hacerlo, soltó una risa como diciendo “bueno ahora es fácil”.
Desde ese momento se plantó a pie firme y en dos fintas le pego un hachazo en la mano al tiempo que le gritaba “¡¡¡¡¡¡dejamos!!!!!!!!!” y su contrincante viéndose herido no quiso seguir más con el duelo ya que llevaba todas las de perder. Don Luciano le dijo, venga paisano.....vamos enfrente a lo de Doña María (María Bianco era mi abuela) que lo vamos a curar.
Así fue, fueron hasta la bomba sapo y le ayudo a lavar la herida, luego buscaron una tela de araña grande del galpón y se la pusieron en la herida con bastante azúcar, lo vendaron y le acercaron el caballo para que se fuera. Don Luciano se reintegró a la tabeada como si nada hubiera pasado. Ese era un hombre guapo al que únicamente Don Juan Escandón logró en una oportunidad chistarlo y hacerlo callar la boca.
.......pero esto es tema para otra oportunidad.-
Todos los personajes nombrados son reales. Todos menos Don Luciano descansan en el cementerio de Coronel Vidal y merecen esta recordación.
Roberto Santamaría (El Pulpero)
RAÍZ ARGENTINA, el sentimiento argentino en España y Europa